¿Cómo entrar a un lugar sin puertas?

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Accesibilidad e inclusión en la UNAM

Aranza Flores y Jesús Delgadillo

Gaceta UNAM

Es un día caluroso, como muchos otros de este mes. El sol opaca el suelo y los muros pero las sombras cubren los rostros de quienes deambulan por el recinto. A pesar de ser fin de semestre, la universidad sigue despierta; decenas de estudiantes recorren sus pasillos como hormigas un día antes del invierno. A lo lejos, en alguno de los muchos túneles que se extienden por el hormiguero, se escuchan voces, murmullos que viajan en forma de eco hasta los oídos de aquellos dispuestos a oírlos.  Al atravesar el umbral se distinguen con inexplicable claridad cuatro personas sentadas alrededor de una mesa. Cada uno con un vaso de agua fresca y una bolsa de bombones al centro. Tres hombres y una mujer charlan entre sí. Sus nombres son Luis Enrique, Iván, Jorge Luis y Claudia. Al tiempo que hablan, sonríen, y son tan distintos como iguales entre sí. Es un lindo día.

En nuestra cotidianidad no notamos cosas que no nos incumben, o que creemos que no nos incumben. Según la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la discapacidad “resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.”, porque antes de cualquier cosa somos personas, y lo que hace la discapacidad un impedimento, ¿Somos nosotros?

Claudia es una mujer de facciones finas. Su piel es traslúcida, su cabello blanco y sus ojos asemejan el reflejo del cielo azul sobre el metal. Su voz transmite calma, al igual que su mirada, y a pesar de tener aires joviales, sus palabras reflejan un largo trayecto de vida y de experiencia. Está terminando una Maestría en Biología Experimental que empezó en 2011 en la Facultad de Ciencias, donde también se tituló con tesis de la carrera de Biología hace 10 años. La razón de su demora no es por materias pendientes, falta de compromiso, menos aún por su discapacidad visual, más bien es consecuencia de la urgente necesidad y falta de inclusión y accesibilidad en la Universidad.

Desde 1996, según un artículo de la Revista Digital Universitaria del 1° de diciembre del 2013, la Universidad Nacional Autónoma de México ha buscado incluir en sus planes de estudio materias, actividades, programas culturales, sociales y de investigación dirigidas a las personas con discapacidad, como es el caso de la Escuela Nacional de Trabajo Social, la Facultad de Derecho, la Facultad de Ingeniería, las Facultades  de Estudios Superiores Plantel Aragón e Iztacala, el Instituto de Neurobiología y la Facultad de Arquitectura.

Seis años después, el 12 junio de 2003, la Gaceta UNAM publicó el “Acuerdo por el que se establecen los lineamientos para la atención con calidad a las personas con capacidades diferentes en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México”, firmado por el rector Juan Ramón de la Fuente y basado en los artículos 1° y 9° de la Ley Orgánica, así como en el 34 fracciones IX y X del Estatuto General. Los lineamientos establecen la intención de la Universidad por dar atención de calidad a personas con discapacidad, así como de facilitar su acceso a las instalaciones y eliminar la discriminación a través de una cultura de integración social.

Al día siguiente de la publicación los lineamientos entraron en vigor, y con ello la UNAM y  la Oficina de Representación para la Promoción e Integración Social para las Personas con Discapacidad (ORPIS) de la Presidencia de la República firmaron una carta intención con el objetivo de integrar a las personas con discapacidad a la infraestructura de la máxima Casa de Estudios. Esta carta intención establecía que la UNAM produciría y facilitaría una colección de textos impresos en Braille, además de la promoción y adecuación de actividades culturales, y la generación de programas con temáticas vinculadas a las personas con discapacidad, que serían transmitidos por sus canales de comunicación: Radio y TV UNAM.

En el papel, la Universidad Nacional fincaba el compromiso de atender a la población con discapacidad en miras de conformarse como un espacio totalmente incluyente. Compromiso que, en ese entonces, la convertía en una de las pocas instituciones de educación superior en México con legislación de este tipo. Sin embargo, las primeras acciones no vendrían de las autoridades universitarias, sino de las necesidades manifestadas por ciertas alumnas y alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras que, junto con profesores del Colegio de Pedagogía, de manera voluntaria, crearían en 2004 el Comité de Atención a las personas con Discapacidad (CADUNAM).

Ivan Herńandez Rivera, después de haber cursado la carrera de Pedagogía, se encuentra en el primer semestre de la Maestría del mismo rubro; es una persona con discapacidad visual. Tiene una laptop sobre el escritorio que recorre con los dedos de las manos suavemente a la vez que habla. Hace unos meses tomaba un seminario todos los jueves, y relata “Tuve un espacio libre entre clases, pero no podía perder tiempo. Llevaba unas hojas de una lectura que tenía pendiente. Me acerqué a donde había bastante gente y le pregunté a una chica si me podía ayudar a leer. Afortunadamente me regaló media hora de su día. Así lo he hecho en la prepa y en la universidad: acercarme a las personas, siempre voluntariamente cuando quieran y cuando puedan”

CADUNAM

CADUNAM

Esto también fue de la mano de los mismos estudiantes de la carrera de Pedagogía y de la asociación civil Comité Internacional Pro-ciegos I.A.P, cuya presidenta de patronato, Camerina Robles, es actualmente una de las encargadas del Comité.  Posteriormente, este proyecto llegó a oídos de las personas usuarias de la Biblioteca Central, que son de diferentes facultades, y la comunidad a la que apoyaba creció.

Luis Enrique Fernández es alumno de la licenciatura de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Porta unos lentes negros estilo Ray Ban y una camisa tipo polo azul, que combina con su actitud fresca y relajada. Lleva dos años en la carrera, sin embargo, no se encuentra en el semestre que le corresponde. “En Historia es leer prácticamente a diario”, pero era tanta la acumulación de lecturas y textos que no se encontraban accesibles en la facultad “que el apoyo que recibía para convertir  y grabar textos afuera o en la Universidad” no era suficiente. La desesperación por completar sus tareas, a veces con sólo un día de antelación y sin los materiales necesarios, terminó por disminuir su desempeño, mientras la idea de renunciar crecía. Tiempo después, el Colegio de Historia le brindó un tutor para y se acercaron al CAD para encontrar soluciones a la falta de inclusión en sus clases.

Luis Enrique habla con cuidado, escoge bien sus palabras y, como sus demás compañeros, conoce bien los problemas que enfrentan las personas con discapacidad en las aulas pero también sabe lo que es querer una educación superior a pesar de las barreras. Y es que él adora la cátedra, sin embargo, por la falta de textos accesibles y por coordinarse con su trabajo, decidió abandonar el Sistema Escolarizado para probar su suerte en el Sistema Abierto.

Al mismo tiempo que comenzaron a brindar servicios a sus estudiantes, comenta Alicia López, a cuyo cargo está el CADUNAM hoy en día, “de manera conjunta con otras instituciones empezamos a visualizar el tema sobre discapacidad relacionada con las funciones sustantivas de nuestra Universidad” como, por ejemplo, el caso del trabajo en conjunto con la arquitecta Celia Facio, profesora de la Facultad de Arquitectura, acerca de la construcción de rampas en Ciudad Universitaria que no cumplían con los requisitos de los estándares internacionales para ser accesibles. C. U está plagada de ellas: no cumplen con la inclinación adecuada, son muy estrechas y, además de todo, peligrosas. La falta de planeación resultó en una escuela accesible con las normas mínimas, y quizás nadie lo notó de manera oficial hasta la llegada del Centro. “El camino de formación y de servicio ha estado muy vinculado” relata Alicia.

De esta manera, CADUNAM lanzó una convocatoria para participar en el proyecto e hicieron lazos con las facultades de Psicología, Arquitectura, Derecho  y Trabajo Social. Sin embargo, hubo dependencias como la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y la DGADYR que, a pesar de haber participado activamente en un principio, con el cambio de administraciones no siguieron esa línea. La licenciada López comenta que para el CADUNAM es una prioridad “La formación, la investigación, la difusión de la cultura y sobre todo hemos tratado de vincularlo a las necesidades de la población y que la población de personas con discapacidad forme parte de esto.”

La Convención

El panorama internacional llegó a un punto clave cuando el 13 de diciembre del 2006, en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, se aprobó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad con 82 firmas y su Protocolo Facultativo con 44. Según un boletín de la ONU, este es el primer tratado sobre Derechos Humanos del siglo XXI, además de que ninguna otra convención ha reunido un número tan elevado de signatarios en el día de su apertura.

México, siendo parte de ambos documentos, adopta la Convención y, con Felipe Calderón Hinojosa como presidente, se ratifica el 17 de diciembre del 2007 para luego entrar en vigor el 3 de Mayo del 2008. Aunque, no sería hasta el 2011 que, con la reforma a la Constitución en materia de Derechos Humanos, se elevaría a rango constitucional la obligatoriedad de la Convención. Estamos hablando de una incorporación prácticamente nueva del tema acerca de la discapacidad a las leyes oficiales no sólo de la UNAM, sino del país en general.

La Universidad tomaría como punto de partida la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad del 2006 para todos los proyectos vinculados con esa temática. Quince años después se sigue utilizando, provocando una desactualización en los planes de trabajo de las instituciones que conforman el panorama en Ciudad Universitaria.

 

ENTS

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En la UNAM se trabaja el tema no como algo oficial, sino como grupos locales emergentes que responden a las necesidades de los mismos estudiantes. Una de las escuelas de Ciudad Universitaria que más ha trabajado con temáticas sobre inclusión a las personas con discapacidad es la Escuela Nacional de Trabajo Social. Fue en 2010 cuando realiza el Primer Foro con temática de discapacidad que, según Elia Lázaro, Coordinadora del Centro de Estudios sobre Discapacidad y Salud de la ENTS, narra entre risas, “fue una experiencia inolvidable, porque hicimos toda la preparación del Foro que duraba un día nada más, en el Auditorio, y cuando ya se llega la fecha, nada más había tres asistentes”. Al respecto Elia está consciente que, al no ser parte de nuestra cotidianeidad, no es un tema de interés entre los jóvenes, aunque con voz grave recalca que la discapacidad no se obtiene sólo al nacer, pues “Puedes llegar a tener una discapacidad en un accidente o una enfermedad. Se puede adquirir en cualquier momento.”

A partir de ese evento, la ENTS, que en ese momento no era más que “algo suelto”, conoce al personal del Comité de Atención para Personas con Discapacidad de la Facultad de Filosofía y Letras y hace una réplica de él, fundando así su CAD-ENTS en el marco de la publicación de la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad en el Diario Oficial de la Federación. Tomando como partida la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, esta nueva ley ya incluye las definiciones de Diseño Universal y aborda los rubros educativo y social mediante un proyecto transversal.

Una vez creado el CAD-ENTS, a la par de este proyecto había otro con las temáticas de investigación socio-médica que tampoco contaban con un espacio físico donde atender; y justamente coincidió con la construcción del Edificio C. Debido a las exigencias de los diferentes grupos que abordaban esta temática, la UNAM realizó un Estudio Diagnóstico sobre Ciudad Universitaria en 2012 que arrojó que en el ciclo 2012-2013 de los 330, 386 alumnos que estudiaban en algún plantel, 287 tenían algún tipo de discapacidad; no cuenta con un rubro de sondeo de académicos de la escuela. Además, a partir de que la Dirección General de Obras y Conservación implementó medidas arquitectónicas para la accesibilidad de personas con discapacidad como rampas y señalizaciones, el Diagnóstico estimaba que el 30% de la estructura física de la Universidad era accesible para personas con discapacidad motriz. Sin embargo, no menciona los parámetros normativos que utilizó para establecer si realmente lo eran.

Al respecto, la arquitecta Celia Facio establece una observación importante: “no hablemos de discapacidad, hablemos de accesibilidad”. Las barreras físicas generales que no la permiten, a parte de las administrativas, son cinco: dos de desplazamiento, una consiste en la maniobra, que tiene que ver con las dimensiones del espacio, y la otra con la calidad de las superficies  y la facilidad para superar desniveles, es decir, que haya un escalón o una escalera entre niveles del suelo; otra barrera, de uso y alcance, que ella explica señalando una puerta y la pared “de ese apagador o de esa manija primero dependo del alcance, si usted piensa en un secador de manos en el baño, generalmente están muy altos y una persona usuaria de silla de ruedas no puede alcanzarlo”; la barrera física de control, que la arquiteca menciona retomando el ejemplo de la manija, “no es que sólo exista y esté a mi alcance, sino que pueda controlarlo, como la manija de esta puerta que no es una perilla, sino que es larga, lo que permite mayor facilidad para abrirla”, y por último, la barrera física de percepción, que impide que una persona pueda captar de manera correcta la información que el entorno le brinda, como la falta de señalamientos e indicaciones. Entonces la accesibilidad es algo mucho más complejo de medir de lo que puede parecer.

Facio remata argumentando que “no tenemos la cadena de accesibilidad completa. Tenemos eslabones. En la medida en que estos eslabones se unan ya podremos decir que somos cien por ciento accesibles.”, sin dejar de mencionar la falta de concientización y sensibilización por parte de la sociedad.

El 21 de Agosto del 2013, en el marco del Día del Trabajo Social, el rector José Narro Robles acudió a la ENTS a inaugurar el Centro de Estudios e Investigación Social sobre Discapacidad y Salud, el edificio C y la cafetería del plantel, con la profesora Leticia Cano como directora. El Centro es resultado de la fusión con el proyecto de investigaciones socio-médicas, y según Elia, “se pone primero la palabra discapacidad para tratar de evitar la idea de que la discapacidad es parte de la salud, o que depende únicamente de ella.”

El CEISDS incluye en su Plan de Trabajo investigación sobre temas de discapacidad, asesorías a tesis, grupos de práctica, eventos, seminarios, cursos enfocados hacia la discapacidad y la salud. En Noviembre llevarán a cabo el Primer Congreso sobre Atención a Discapacidad y el Cuarto Concurso de Ensayo sobre Discapacidad.

La Unidad de Atención para Personas con Discapacidad

Sobre el Circuito Centro Cultural, en el edificio C, donde se encuentra la Dirección General de Atención a la Comunidad, tres mujeres se mueven entre dos oficinas pequeñas. Dos de ellas comparten un espacio de no más de 15 metros cuadrados, mientras que el espacio contiguo, entre cajas, carteles enrollados, libros, un pizarrón blanco y un escritorio, sirve de oficina personal para la Maestra Claudia Peña, titular general de la Unidad de Atención para Personas con Discapacidad.

Resultado del Estudio Diagnóstico del 2012, el 24 de junio del 2013 la Gaceta UNAM publica el acuerdo en el que el rector José Narro Robles aprueba la creación de la UNAPDI. Esta unidad se creó con el objetivo de ofrecer a los alumnos y alumnas servicios de orientación, información y apoyo que facilite su integración a la vida universitaria. Una de las ventajas de este centro es que se encarga de articular acciones entre diferentes entidades y dependencias, y con base en los lineamientos ya establecidos, busca llevar a cabo redes de apoyo fijas que no dependan de las administraciones en cargo.

Como es el caso del Proyecto Internacional Dialogues in Disability, por el cual cuatro personas con discapacidad motriz viajarán a Alemania para encontrarse y establecer un diálogo acerca de sus experiencias y contextos con estudiantes de universidades de Brasil, Inglaterra e India, que también forman parte del proyecto. A esta visión, la maestra Claudia, añade que “Una parte fundamental es promover primero la conciencia, porque una barrera muy importante es la actitudinal. Tú puedes tener rampas y elevadores, pero si un maestro no quiere a un chico con discapacidad en el aula no va a haber manera de que el chico participe.”

Iván sostiene que las autoridades de la UNAM, como los policías, le han ayudado mucho para agilizar su movilidad. El problema de la deficiencia del servicio de transporte para personas con discapacidad, que es solicitado vía telefónica o presionando los botones de emergencia en las paradas del Pumabús, lo ha resuelto pidiendo ayuda a algún vigilante. La mayoría de las veces que no responden, las mismas autoridades lo transportan en su patrulla, y ha llegado a viajar por Ciudad Universitaria dos veces en una ambulancia. Entonces el problema no sólo es de accesibilidad, sino de la disponibilidad de las personas dispuestas a ayudar, “C.U no está diseñada para que transiten personas en sillas de ruedas o, como nosotros, con bastón. Por eso es un gran reto para todos informar que existimos” relata con un tono de seriedad en se voz.

Las puertas existen, pero…

Tanto Luis Enrique como Claudia coinciden en que, desde que empezaron a estudiar en Ciudad Universitaria, no han visto grandes cambios en la inclusión de personas con discapacidad. El esfuerzo y el trabajo de personas como Alicia, Claudia, Elia, Camerina, Celia, los voluntarios, uno que otro interesados y, por supuesto, la propia comunidad de personas con discapacidad es el que ha puesto los cimientos para  una universidad verdadera y totalmente incluyente. Ahora sólo hace falta la participación activa de nuestras autoridades y el resto de la comunidad universitaria para llevarlo a cabo.

La importancia de visibilizar y sensibilizar la falta de accesibilidad en Ciudad Universitaria reside en mirar más allá de las barreras. La arquitecta Facio sostiene firmemente que casi no vemos personas con discapacidad en la institución porque, en realidad, no se les han abierto las puertas. La accesibilidad existe. Pero qué tanto y cómo son variables que no podemos dejar de lado. Que las posibilidades de una persona dependan de su entorno implica que ese mismo espacio se piense para todos. Cada uno es distinto y distinta, y por lo tanto, estas diferencias marcan necesidades distintas. El compromiso de la UNAM abarca también cómo se lleva a cabo esta accesibilidad, y lo ideal sería que fuera en igualdad de condiciones; si no hay puertas para todos, ¿cómo podremos entrar?

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