Pumabicis: la oportunidad de un viaje bicicletero en CU

FORMAS Y FIGURAS

Su destino estaba muy próximo, unos cuantos metros la separaban del bicicentro. Giró hacia la derecha, subió por una pequeña rampa para llegar a la mesa de préstamo. La velocidad, las malas condiciones en las que estaba aquella bicicleta y principalmente, la indiferencia del personal a su entorno obstruyendo el acceso, fueron el conjunto perfecto para que una caída pronunciada se hiciera notar en la entrada principal.

– Con cuidado chica, ¿estás bien? – Sí, no pasó nada. – Mira hasta la chamarra te la volteaste, pero ¿segura que estas bien? – Sí, sí, sí, estoy bien. Sólo me falló el equilibrio. – Aquí tiene, devolución por favor –. Si, ponla allá afuera. – Gracias.

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Dentro del campus de Ciudad Universitaria existe un servicio amplio de transporte para la comunidad estudiantil y académica, una de ellas es el préstamo de bicicletas del sistema bicipuma. Cualquier estudiante con credencial vigente puede hacer uso de ellas; actualmente el servicio cuenta con más de mil 300 bicicletas distribuidas en los 14 módulos de servicio con una ciclovía de 7 km.

En el imaginario de hacer una actividad física que rompa con la rutina cotidiana del traslado casa – escuela, ella ha decidido hacer uso de las bicipumas. Es un trayecto corto, del metro universidad a la Facultad de Ciencias Políticas. Una ruta sencilla sin pendientes o curvas peligrosas. Era su primera vez que hacía uso de ese servicio, no sabía a dónde dirigirse. Como un turista perdido en el centro histórico, buscó el bicicentro. Siguió su instinto, caminó sobre la ciclopista hasta llegar al módulo. 

Bicicletas amontonadas esperaban la llegada de los usuarios. Se dirigió a buscar una que se acoplara a su talla, fue difícil la elección porque la mayoría eran demasiado grandes para su estatura o no se veían lo suficientemente cómodas y seguras para realizar el viaje. Manubrios desgastados, pedales rotos, asientos flojos que al momento de subirlos se balancean, algunos frenos funcionan de manera adecuada, permiten detenerse a tiempo, pero otros tantos sólo sirven de adorno.

Después de varios minutos buscando la mejor bicicleta se dirigió a la mesa de préstamo. Con la credencial en la mano se acercó al señor que estaba detrás del escritorio, éste solo estiró el brazo para leer el código. A pesar de que no iba a utilizar el casco, por cuestiones de vanidad, el lector también registró el préstamo del mismo. Montó el vehículo de transporte, guardó su credencial en su bolsa derecha de la chamarra y emprendió el viaje, no sin antes prestar atención a un cartel que pasaba desapercibido y que anunciaba: “¡póntelooo!”

foto: UNAM Global

Existe un reglamento que regula el uso de las bicipumas dentro del circuito universitario. Entre esas normas está el uso obligatorio de casco y verificar que la bicicleta se encuentre en buen estado. Los usuarios de este servicio no cumplen con la regla mínima de seguridad, el uso de casco, la gran mayoría circulan por las pistas sin ninguna protección más que el colchón de una mochila ante una posible caída.     

– Yo no uso el casco, ¡no, imagínate!, te subes a las bicipumas te dan el casco y te lo tienes que poner, no sabes cuantas personas lo han usado y además está sudado, qué asco – dice Héctor, estudiante de la Facultad de Arquitectura el cual hace uso constante del servicio. Él como otros estudiantes que viajan en bicicletas por el campus central prefieren dejar el casco de lado y sólo limitarse al préstamo de la bicicleta. Al menos así era hasta que desaparecieron de los módulos bicipuma. Su ausencia no afecta en lo más mínimo a la comunidad, incluso muchos no lo han notado, solo faltó un detalle mínimo, los letreros siguen anunciando “¡póntelooo!”

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Los primeros metros de trayecto fueron suficientes para darse cuenta de que los pedales rechinaban, sin darle importancia ella continuó. Las raíces de los árboles habían levantado el asfalto de la ciclopista. Grietas serpenteaban a lo largo del camino, pequeños baches se escondían en la sombra que proyectaban los árboles. Pedaleó y pedaleó sorteando los imprevistos del camino, cuando veía un escalón de asfalto se levantaba sobre los pedales para que el rebote no golpeara sus glúteos que reposaban sobre el asiento. Los amortiguadores no estaban diseñados para disminuir el impacto de la llanta contra el pavimento. El casco que venía atado al manubrio, rebotaba con la llanta delantera y se balanceaba de un lado a otro.

Las grietas ya no eran la única dificultad, ahora eran los peatones que circulaban por ahí. “¡¿si me das permiso?!”, “¡Permiso por favor!”, “¡Cuidado, ahí voy!” son las frases que iba gritando para prevenir a la gente del camino y para que se hiciera a un lado. Llegar al cruce del semáforo de la facultad sin chocar con alguien, era una gran hazaña, sobre todo en la transición del turno de la mañana con la tarde.

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En 2016, la Dirección General de Servicios y Movilidad (DGSM) dio 500 unidades para el préstamo del servicio Bicipuma, con la finalidad de mejorarlo. Además, el trámite del préstamo cambió ya que anteriormente había que hacer un registro por huella digital. El proceso era demasiado lento, tardabas más en registrarte que en lo que te trasladabas a tu destino.

 –Yo creo que el servicio no ha sido malo, las veces que lo he tomado ha sido bueno, me gustó el cambio que hubo de huella digital a credencial porque la verdad era un súper desmadre y normalmente las bicis están en buen estado, aunque me gustaría que haya más. – Dice Xavier, estudiante de la Facultad de Arquitectura, prefiere andar en bicicleta por el campus porque es un medio de transporte efectivo.

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Un grupo de amigos viajaba en pumabicis hacia el metro universidad, eran dos chicos y tres chicas. Entre risa y risa una de ellas gritó “¡güey! espera, es que siento que me caigo, ya no puedo”, sus amigos se detuvieron respectivamente sobre la ciclovía. Muertos de risa por la ineficiencia de su amiga para poder retomar el viaje en bicicleta, obstruían el paso. Después de unos segundos, la chica montó la bicicleta y empezó a pedalear con dificultad junto con sus amigos. Ellos se adelantaron; del lado contrario venia una bicicleta respectivamente en su carril. Nuevamente la chica le grito a sus amigos “¡espérenme! ¡No, es que ya no puedo!”, la otra bicicleta se acercaba, en una maniobra errónea de la chica, estaba invadiendo el carril contrario. Un pequeño grito apenas y fue captado por el grupo de amigos y de esta manera voltear a ver lo que había ocurrido. Para evitar chocar con la bici que se aproximaba, ella se salió de la vía, la chica supo prevenir su caída así que soltó la bici, dejándola caer en el pasto.

El programa de bicipumas señala que la UNAM no se hace responsable de los siniestros que se originen con motivo del uso o conducción de las bicicletas, también destaca que el uso es bajo la responsabilidad del estudiante y recomienda evitar viajar en bicicleta sino saben manejar adecuadamente. Los encargados de realizar el préstamo de las bicicletas, nunca se preocupan por observar a que persona le están prestando el servicio, únicamente se limitan a verificar que la credencial esté vigente.

El grupo de amigos únicamente explotó de risa al ver la que su amiga recogía la bici del pasto, ella los reprochaba con la mirada al mismo tiempo que reía con ellos “¡güey, yo les dije que no se andar en bici!” “ya güey, ya casi llegamos, ándale, apúrate”. Retomaron su viaje, como si nada hubiera pasado.

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